sábado, 4 de febrero de 2017

A veces la maternidad me sobrepasa

¡Hola, qué ya estamos en febrero, cómo pasa el tiempo de rápido!
Ya pasaron las Navidades, volvimos a la rutina y hasta hemos pasado el primer virus, un amago de gripe, del año. Y así de repente te paras a pensar y ya estamos en febrero, la víspera de Santa Agueda concretamente.
Dicen que con los años el tiempo pasa más rápido, en mi caso además de por la edad se me va volando desde que soy madre. Leí por las redes sociales la frase: Los días son largos los años cortos. Y que gran verdad, los días y las noches se hacen eternos cuando no puedes descansar y andas corriendo atendiendo a dos pequeñines que te necesitan y demandan atención las 24 horas del día los 7 días de la semana.
Con el primero quitando los tres primeros meses, por los malditos cólicos, no lo pase muy mal o eso se olvida rápido no estoy muy segura, el caso que no recuerdo estar mal ni muy cansada más que al principio. Pero desde que nació el segundo hace poco de 9 meses soy un zombie andante, estoy muerta matada y nunca me he sentido más sola que ahora.
Cuando eres primeriza sientes que te queda grande el papel de madre porque todo es nuevo y desconocido pero vas siguiendo a tu instinto, prueba-error muchas veces, y lo haces genial. Te enfrentas al primer día y su noche correspondiente en casa, al primer baño, la lactancia, la primera papilla, el primer catarrito,... pero sales adelante y aunque tenías miedo de hacerlo mal sale todo maravillosamente y si pasas mala noche a la mañana cuando se duerme aprovechas y te echas tu también un poco porque si no haces la casa no pasa nada ya se hará, y si no hay comida pues te haces un bocata con lo primero que encuentres no pasa nada y si llueve o hace frío pues no se sale que en casa se esta muy bien.
Y entonces como todo va de maravilla decides tener el segundo para que no se lleven mucho, la edad apremia y así pueden jugar juntos piensas, y te creces pensando que lo vas hacer genial porque ya lo has hecho con el primero y ese primer día y su noche no te da miedo, ni ese primer baño y menos ese primer catarrito cuando ya eres una experta con el suero fisiológico y el sacamocos. Enseguida se te bajan los humos, cada niño es distinto y lo que te funcionaba con el mayor a este no le vale, por ejemplo si al primero después de darle el pecho le incorporabas para quitarle los gases a este le gusta más sentado o la lactancia que cada uno se agarra de una manera y succiona diferente. Vuelves a ser primeriza aunque si es cierto que te sientes más segura. La pega es que ya no puedes descansar por la mañana si pasas mala noche porque tienes a otra personita que se quiere levantar, desayunar y jugar contigo. Y si la comida no esta la tienes que hacer porque tu puedes comer lo que sea pero ese pequeñin necesita una comida decente y sana. Y si no te ayudan no descansas y se pasa fatal.
Y es ahí donde me encuentro, no consigo descansar ni de noche ni de día, agotada y con una sensación de soledad, de que me lo he montado fatal. Anime a mi marido a que hiciera un curso por las tardes cuando sale de trabajar porque le iba a venir bien para su futuro; Mis suegros viven al lado pero no puedo contar con ellos porque no les gustan los niños y no se ofrecen para nada tampoco, son de los que te dicen "lo que me estoy acordando estos días que llueve de los niños a la hora del colegio, pobrecitos" pero no vienen para quedarse con el pequeño mientras llevo al mayor; Mis padres viven a 20 min. en metro pero aunque están ya jubilados tienen cosas que hacer y según ellos vivo lejos así que sólo vienen cuando tengo reunión, pediatra o alguna tarde que se aburren y vienen a merendar.
Me pasó todo el día sola con los niños, sin poder descansar ni dedicarme un minuto para mi y aunque son lo más bonito que tengo y los quiero con locura tengo mis momentos negros donde la maternidad me sobrepasa y me siento derrotada, no te cuento las Navidades porque fueron deprimentes. Con lo que me gustan esas fiestas y fueron las peores de mi vida para contarte que en Nochevieja a las 12 de la noche estaba en la cama con mis hijos, solos los 3.
Me desahogo escribiendo esto y se que es algo temporal, cuando pasen unos meses y el pequeño sea un poco más autónomo se que tendré un poco más de descanso y recordare estos momentos no se si con nostalgia porque es verdad que los malos momentos se olvidan, gracias a Dios, y nos quedamos con los buenos, con esas caritas regordetas que te miran con admiración y te sonríen con la sonrisa más bonita que hayas visto nunca o cuando dicen Mama por primera vez y te parece lo más maravilloso del mundo.


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